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Santo Cristo del Sahúco

 

En la tarde del lunes de Pentecostés. Una multitud, alegre espera en el templo y en la explanada de la iglesia del Sahúco el comienzo de la Eucaristía de despedida del Santo Cristo. Los andarines han llegado al Sahúco gracias al autobús que a partir de las tres del mediodía hace por tres veces el recorrido de Peñas al Santuario acercando a los mozos.

A las cinco de la tarde comienza la Eucaristía. Al finalizar, en el interior de la iglesia se inicia la procesión hacia la Cruz Chica. Primero el Cristo es sacado a hombros, después la imagen de la Dolorosa siguiendo pasos del Cristo para despedirle del trayecto que iniciará minutos más tarde hasta la iglesia de Peñas de San Pedro, donde una gran muchedumbre de fieles espera su llegada a la caída de la tarde.

La procesión transcurre entre vítores constantes al Cristo y a su Madre. Un buen observador distinguirá entre el gentío los atuendos blancos y las fajas de colores de los “andarines”, quienes trasladarán la imagen del Cristo en una carrera de catorce kilómetros desde su Santuario hasta las Peñas.

En la Cruz Chica la Dolorosa despide a su Hijo con un abrazo entre aplausos y vivas. Después, el Cristo es depositado en su caja en forma de cruz y alzado a hombros por la primera pareja nombrada por el Santero. Se inicia la carrera entre aplausos de la multitud y los tradicionales vítores de ánimo a los andarines: “¡Viva el Santísimo Cristo del Sahúco!”

La carrera inicia su itinerario de unos catorce kilómetros que discurre en su totalidad por una sinuosa carretera de montaña, flaqueada a ambos lados por tierras de cultivo o monte con predominio de pinos entre los que se intercalan carrascas, matas rubias y otros arbustos en un entorno paisajístico de gran belleza.

Paralela a la carrera, discurre el cauce seco de una rambla, que en otro tiempo fuera el camino de la carrera, haciendo el recorrido más penoso y peligroso, especialmente, si se desataba una tormenta como ya sucediera en alguna ocasión, llegando los mozos incluso sin calzado por la fuerza con que bajaba el agua.

En el transcurrir de esta marcha hay tres paradas oficiales: la Cruz del Pardalejo, La Rambla y el Puente de la Solana. En cada una de ellas los andarines descansan unos instantes, siendo obsequiados con bebidas refrescantes por la muchedumbre que se ha ido apiñando en el lugar con la esperanza de besar al Santo.

La llegada a Peñas se hará al filo de las ocho de la tarde. Aquí la multitud es mayor y esperan en la “Cruz del Santo” la llegada de los andarines con el Cristo. Suenan atronadores aplausos y vítores repetidos, después, un respetuoso silencio aguarda el momento en que el Cristo, una vez sacado de su caja y puesto sobre sus andas, recibe el cariñosos abrazo de su Madre, siendo saludado por las notas del Himno Nacional. Luego, lentamente, será transportado en procesión hasta la iglesia parroquial, donde se celebra una Solemne Eucaristía de Bienvenida.

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