Llegado el mes de octubre tiene lugar uno de los actos más emotivos y populares de la parroquia. El Rosario de la Aurora es una de las fiestas religiosas que durante varias décadas ha continuado en torno a un grupo de personas, auroros, que todos los domingos de octubre salen por las calles del pueblo, alrededor de las tres de la mañana, con guitarras, acordeón, castañuelas y campanilla, cantando sus peculiares coplas y anunciando a sus vecinos que tienen una cita en la iglesia.

Las primeras coplas se entonan en la puerta de la casa parroquial, después se continúa con un recorrido por todo el pueblo cantando dos coplas y una salve en cada una de las plazuelas y confluencias de calles para que sean escuchadas por todos los peñeros desde sus camas. Las letras de estas coplas, cincuenta y una en total, tienen un contenido variado y han sido transmitidas oralmente de generación en generación. Durante el recorrido algunas familias abren sus casas a los auroros para obsequiarles con dulces y café, y así aliviar el frío de la madrugada. Los auroros agradecen cantando unas coplas en su honor.

A las siete de la mañana comienza el rezo del rosario en la iglesia y más tarde con la procesión por las calles del pueblo y finalizando con la eucaristía como se anuncia en una de las coplas:

“Sacerdote, ministro de Cristo
el pueblo cristiano esperando está
que vayáis a cantar el rosario
y después la misa se celebrará”

Comienza la procesión, se sale del templo con la imagen de la Virgen y rezando el rosario. Después de cada misterio se para y se canta, hasta que finalizan los cinco misterios del rosario justo a la puerta del templo. Finalizada la misa se vuelve a cantar a la Virgen pidiendo su bendiciendo.

Desde hace unos años, uno de los domingos de octubre, la procesión sube hasta la Virgen Milagrosa del Castillo, recordando así el aniversario de su colocación.

El origen de la Cofradía de María Santísima del Rosario se remonta al siglo XVII. Las primeras referencias documentales proceden del libro de fábrica de la parroquia que refleja cómo en 1680 la cofradía contribuye con 5.000 reales a la construcción del retablo mayor de la iglesia. La única documentación que se conserva de la cofradía es un libro de cuentas de los años 1707-1756. No obstante, este libro no es el primero porque en él no aparece el acta de constitución de la cofradía, por lo que se supone que su antigüedad se remonta, como mínimo a mediados del siglo XVII.

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